
_¿Cuánto tiempo ha pasado?¿Diez años?
_Me parece que sí. Me contestó Luis._¿Estás de visita?
_No Luis, definitivamente me quedo en la península. Estoy en casa de tía Marta. _Pero... cuéntame, ¿te cansaste de vivir en Isu? Luis seguía con el bombardeo de preguntas. Pensé que era normal, ya que; hacía tiempo que habíamos perdido el contacto. Aunque seguía siendo uno de aquellos amigos que, por mucho tiempo que pasara; nunca le pierdes la confianza.
_Bueno más que cansarme de Isu, es que... se me empezó a quedar pequeña; la isla. Isu era, una de las quinientas pequeñas islas que formaban el archipiélago de Island.
_No te reconozco Peter. Me dijo Luis extrañado.
_Bien... Entonces dudé de explicarle, lo que realmente me hizo huir de aquel pedacito de tierra; que años atrás adoraba. Luis, aunque habían pasado los años; seguía conociéndome bastante bien, e intentó suavizar lo que para mí; empezaba a ser una conversación embarazosa.
_Tranquilo Peter, no quiero obligarte a que me expliques nada.
_No es eso... es que..., no creo que quieras escuchar una historia absurda.
_ ¡Intentalo! Animándome, a explicarle aquello; que yo estaba deseoso de sacar, de mi interior. ¡Y que mejor que Luis, uno de mis mejores amigos!
_Bien..., sabes por que me fui a Isu, ¿Verdad?
_Sí, claro que lo sé. Después de aquel viaje que hicimos a la pequeña isla, y ver aquella puesta de sol; que parecía hervir bajo el mar. ¡Quedaste maravillado!
_Si, es cierto; y decidí volver para quedarme. Lo vendí todo. Menos la casa de tía Marta. No sé, tal vez no la vendí por que así; siempre tendría algún lugar a donde regresar.
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_Bueno cómo te iba diciendo, lo dejé todo atrás y me instalé en una pequeña casita; delante de la playa.
Con los pocos vecinos de Isu, congenié enseguida. A más, no era cuestión de que; con tan pocos habitantes, fuera descortés.
Todo empezó un atardecer de tormenta. Estábamos reunidos en la pequeña taberna. Cada tarde, solíamos ir todos los habitantes del islote; nos contábamos nuestras pequeñas cosillas, y hacíamos un poco de vida social. Aquella tarde, el mar se estaba empleando a fondo; más embravecido de lo normal. La noche se presentaba inhóspita.
Mateo sacaba un as de corazones, y Lif cómo de costumbre; dejaba de jugar. Tenía mal perder. Yo desde mi lugar privilegiado, bromeaba con Mateo sobre el carácter de Lif; y María desde la barra reía, mientras secaba unos vasos.
Se escuchó el rechinar de la cancela de la cerca, que conducía a la taberna. Todos unánimemente, hicimos un silencio; intentando averiguar si pasaba algo. María exclamó con tono burlesco:
_ ¡No os preocupéis será el viento! O posiblemente, la cerveza que os hace sacar; los hombres duros que lleváis dentro.
La puerta se abrió de golpe, a causa del viento. María fue a cerrarla, en el trayecto de la barra a la puerta; no le pude quitar ojo al insinuante contoneo de sus caderas. Algo la hizo pararse en seco y dar un paso atrás, mientras su mirada quedaba fija en el exterior.
_Pasa, no te quedes fuera; cogerás un resfriado. Sentí que le decía, mientras entraba por la puerta... y...
_¿Y? ¿Quién era?
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_ ¡La joven más bonita que nunca he visto, Luis!
_ ¡Ay rufián! Te dio calabazas y por eso estás aquí. Agregó Luis con un guiño.
_A ver Luis, ¿quieres que te explique la historia, antes de sacar conclusiones?
_Perdona Peter, me estoy emocionando antes de tiempo.
_Era preciosa, piel canela y sus ojos... ¡que ojos! Verdes esmeralda, cómo el mar; al ser penetrado por los últimos rayos de sol.
A Mateo le dio un sobresalto, y cayó de la silla. Lif se quedó boquiabierto, y yo... no podía gesticular palabra. No sabíamos si por su extrema belleza, o más bien de ¿dónde demonios, había salido? Ya que no era de la isla.
María una vez sobrepuesta de la sorpresa, le preguntó:
_¿Y tú, de donde sales?
Ella esbozó una sonrisa. _Perdonen la intromisión, es que mi barco... con la tormenta ha naufragado. Pero no se preocupen, pude hacer una llamada de emergencia; no creo que tarden en venir.
_Esta noche no creo que sea, hay demasiada tormenta. Le dije, titubeando.
_Bien, entonces tendré que buscarme un lugar donde dormir.
Yo miraba a María, rogándole que la acogiera.
_ ¡Ah no Peter! Ya sabes que aquí no tengo sitio, aparte de que mis normas son estrictas; en lo relativo ha acoger a nadie.
_Así... ¿Dónde durmió? Peter. Me preguntó Luis intrigado.
_A todo esto, ya me había fijado cómo Mateo y Lif se miraban de reojo, a ver quien iba a ser el primero en intentar alojarla en su casa. Los conocía muy bien, aparte de que sus casas; no me parecían el lugar idóneo para aquella mujer.
Así que, y casi sin darme cuenta; la estaba invitando a mi humilde casita.
Primero dudó, pero sabía que si no quería pasar una noche al raso era la mejor opción.
Llegaron las presentaciones y... ¿Sabes Luis? Ahí empecé a sentir que había algo extraño.
_¿Por qué lo dices?
_Si yo te pregunto: ¿Cómo te llamas? Tú me lo dirías sin dudar ¿Verdad?
_Si..., claro.
_Dudó un momento, y luego me dijo... Alaís; me llamo Alaís.
