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PENSAMIENTOS QUE SALEN DE MÍ, A TRAVÉS DE MIS DEDOS...

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Raquel había estudiado Egiptología. De siempre le habían fascinado las Pirámides de Guiza, la monumental Gran Esfinge, Los Templos de Lúxor y Karnak, y el Valle de los Reyes, por mencionar algunos.
Soñaba con realizar expediciones, a la búsqueda de algún nuevo descubrimiento. Así que, cuando entró en el Museo Arqueológico Nacional, con una plaza fija; nunca se hubiera imaginado que la desterrarían a los sótanos. Allí se apilaban multitud de estatuillas, papiros, etc. sin gran relevancia. Su trabajo consistía en clasificarlos para luego guardarlos en cajas que nunca verían la luz.
Bajo la atenta mirada de, una de tantas otras estatuas de Ramsés II, Raquel se pasaba los días sin ver la luz solar.
Se levantaba de madrugada, y llegaba a casa, cuando las farolas de la ciudad hacía rato que iluminaban las calles. Los fines de semana estaba tan cansada, que se los pasaba durmiendo.
Aquel día, dio gracias a la diosa Renenutet; por hacer que el becario de turno no apareciese por el museo. Así, le encargaron que fuera a buscar unos documentos, a la Embajada De La Republica de Egipto.
Pensó que iría a pie, hacía tanto tiempo que no recorría la ciudad a la luz del día. Ya de regreso, mientras caminaba, se fijó en aquella espesura verde.
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¡Dios mío, si son los Jardines del Buen Retiro! Ya ni me acuerdo de la última vez que estuve aquí.
Decidió, que antes de volver a las catacumbas del museo, se sentaría un rato en el parque.
Era ya tarde, el sol amenazaba con desaparecer, pero aún tuvo tiempo de regalarle una caricia. Mientras, la dama de noche hacía de las suyas en su olfato.
Raquel empezó a recordar lo bien que se sentía al aire libre. Y cerrando los ojos, pronunció:
Necesito unas vacaciones...
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Ya en la puerta del museo, decidió que se las pediría al director. Hacía años que no las tenía, así que, no podía negárselas. Al entrar por la puerta, se dio cuenta de la cruda realidad. Era casi imposible, ya que el museo tenía una frenética actividad.
¡Raquel, los informes! Aquí los tiene, director.
Le decía mientras le recorría un aire depresivo.
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_Esta chica... Me parece, que ya sé quien me acompañará en el viaje a Egipto.!Sí, eso la animará!

Calor primaveral. Hormigas despertándose tras un frío invierno.
Las aves lucen flamantes sus mejores vestidos, intentando atraer a la preciosa hembra.
Los insectos recorren las flores más vistosas, en busca de su maná; y estas a sabiendas, se valen en un inocente intercambio.Una familia recorre los parajes, respirando aire y sosiego. Los niños corren y juegan, los padres más rezagados; se miran, no hablan. Intentan retener ese momento, algo les distrae, son los niños.
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La chicharra expande su música, el atardecer llega. El cielo oscurece por momentos, una gota cae sobre la infatigable hormiga, las aves buscan cobijo bajo el viejo olmo. Los insectos paralizan su trabajo, mientras las flores quedan cubiertas de una fresca capa de agua.
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La feliz familia corre, mientras, los niños juguetean con los cristalinos charcos.
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Míralo con alegría, resígnate a saber, que es un escalón más en el duro viaje de vivir.
Levántate a diario, pensando que tienes un nuevo sol, para ver los colores que te rodean. Tócalos, huélelos, imprégnate de sus aromas, deja que entren en tu interior; juega con tus sentidos, déjalos que tomen el protagonismo, déjalos que te incomoden. Déjate llevar por ellos.
Extasíate, regocíjate, aplaude por lo que podía ser y no fue.
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_Te lo voy a explicar, Luis, pero... ¿No estaríamos más cómodos delante de una copa?_ ¡Ostras,
perdóname! ¿Dónde está mi hospitalidad? Diez años sin verte y no te invito ni a un trago.¿Te parece que vayamos a los cuatro vientos?
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Los cuatro vientos era el bar del pueblo, que había visto crecer a Peter yLuis. Allí habían descubierto el alcohol, las partidas inacabables de dominó ya las primeras mujeres de su vida.Al entrar por la puerta, ¡allí estaba! Peterse giró hacia su amigo sorprendido:_ ¿Luis, no me habrás traído aquí por ella?_ ¡Te juro que no sabía que trabajaba aquí!
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Y allí estaba tan insinuante cómo Peter la recordaba. Una mujer que hacía perder la cabeza a los hombres. Peter recordó, cómo una vez se la hizo perder a él.
_ ¡Vaya, mira a quien tenemos aquí!
_Hola Lidia, ¿que tal estás?
_Eso te lo tendría que preguntar yo, creía que te había engullido la tierra.
_Es una larga historia Lidia, y cómo ves he venido con Luis.
_Vale tranquilo, no te molesto más, veo que aún me guardas rencor.
_Oye Peter, si quieres nos vamos a otro sitio. Le decía Luis apoyándole una mano en el hombro.
_Mejor si Luis, no soportaría volver a caer en sus artimañas de araña, para que luego volviera a olvidarse de mí. Está visto que no tengo suerte con las mujeres.
_¿Con Alaís tampoco?
_Alaís fue otra cosa... Perdón te estaba explicando la historia ¿Por donde me quedé?
_Si, que no sabías...
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_ ¡Ah si! Bien, a la mañana siguiente, desperté dispuesto a que me explicara de donde venía. Al salir al salón no estaba en el sofá donde la había dejado por la noche. La busqué por todas las habitaciones y había desaparecido. Al mirar por la ventana de la cocina, la vi en la playa.
_¿Y sabes qué, Luis? Me dio miedo.
_¿Miedo? Explícate.
_En aquel momento me pareció la mujer más bella que tierra haya visto. Estaba haciendo alguna especie de ritual oriental, ya que tenía los brazos extendidos hacia el mar, a la vez que recitaba algún cántico, que no logré escuchar.
Y su piel, bañada por los rayos de sol de la mañana, adquiría un color extrañamente seductor.
_¿Eso te dio miedo?
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_Eso, y que al verse sorprendida su actitud cambió, cómo la de un niño atrapado en plena travesura.
_ ¡Peter! ¿Qué haces aquí?
_Te estaba buscando...
_Yo buscaba restos del naufragio.
_Hablando de eso... ¿Qué hacías navegando, en la zona más alejada del archipiélago?
_Lo extraño, Luis, es que Isu tiene unas mareas, que todo lo que pasa por sus límites, lo arrastra hacia sus playas. ¡Y allí no había ni el mas mínimo resquicio del naufragio.
Alaís, percibió en mi rostro la extrañeza del caso.
_No te preocupes, pronto vendrán a buscarme.

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_Bueno cómo te iba diciendo, lo dejé todo atrás y me instalé en una pequeña casita; delante de la playa.
_ ¡La joven más bonita que nunca he visto, Luis!
En aquellos momentos, a mi cabeza sólo le venía un pensamiento:¿Cómo había llegado hasta allí? Me encontraba en un camino de no más de medio metro en la mitad de un acantilado. (Lo último que recordaba era aquella espalda con el unicornio tatuado). Me dispuse a recorrer los últimos metros que me separaban de lo que, se adivinaba cómo un lugar seguro.
La cueva era bastante espaciosa y se adentraba... Dios sabe donde, me acomodé cómo pude y me dispuse a dormir. En medio de la noche me despertaron unos ruidos que provenían de las entrañas de la montaña, no cabe decir, que estaba petrificado de miedo, por aquellos singulares ruidos, que más bien parecían voces. Me quedé el resto de la noche vigilando que aquellas voces no se .jpg)
_ Entiendes ahora por qué no nos pertenecía, la estatuilla; es el símbolo de la unión de unicornios y hadas, sin ella no existiríamos.